PsicoanalisisTerapia de Pareja

Terapia de Pareja en el Psicoanálisis

La Terapia Psicoanalítica de Pareja: su Utilidad y Referencias Teóricas

Terapia de pareja psicoanalíticas se han consolidado como una alternativa terapéutica en nuestra disciplina y constituyen una herramienta de uso habitual. ¿Para qué sirven, cómo se trabaja en ellas, cuáles son sus principales referencias teóricas?

Tal vez, antes de entrar en tema convenga aclarar qué se entiende por terapia “psicoanalítica” de pareja ya que hay muchos tipos de terapias de pareja. La terapia psicoanalítica, para alcanzar el cambio psíquico, utiliza como herramienta el conocimiento de la propia realidad psíquica y de los funcionamientos psíquicos delpartenaire y se apoya, desde el punto de vista teórico, en el conjunto de desarrollos teóricos y clínicos que conforman el psicoanálisis; no es directiva ni propone que la pareja se adecúe a ningún “modelo” de funcionamiento. Es de utilidad cuando el vínculo es básicamente erótico pero no lo es si el odio predomina en el vínculo; en estos casos se plantean cuestiones muy específicas, a las que no se refiere este artículo. Por ejemplo, cuando se trate de conductas perversas difícilmente convendrá un abordaje psicoanalítico.

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La consulta

Cuando una pareja solicita una consulta, lo más habitual es que haya una crisis, entendiendo por tal una situación en que aparecen sufrimientos nuevos y desbordantes.

Los motivos de consulta manifiestos pueden ser muchos: nacimiento de hijos, “nido vacío”, problemas de “comunicación”, dificultades de desprendimiento de la endogamia, etc., etc. El analista realizará un diagnóstico en el que ubicará los funcionamientos individuales y vinculares en juego y, fundamentalmente, ubicará a los funcionamientos vinculares o intersubjetivosinvolucrados en la crisis. Se recorre así, un camino que va del motivo de consulta a la formulación psicodinámica de la crisis y que permitirá elegir los nudos a trabajar para enfrentar la situación clínica.

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Volvamos a la cuestión de los funcionamientos intersubjetivos. La primer pregunta que surgirá en una consulta se referirá a si conviene un tratamiento de pareja o de otro tipo. ¿En qué situaciones clínicas son especialmente útiles los tratamientos de pareja? Un tratamiento de pareja es especialmente útil cuando en los conflictos que determinan la crisis predominan los funcionamientos intersubjetivos, es decir aquéllos en los cuales lo que hace un miembro del vínculo está fuertemente influido, tanto a nivel conciente como inconciente por la respuesta del otro, en una suerte de retroacción circular.

Esto quiere decir que se trata de funcionamientos armados por los dos, un “entre dos” que es diferente de otros funcionamientos que se arman predominantemente en la singularidad de un sujeto. Para poner un ejemplo telegráfico: en lo fundamental, los síntomas de una neurosis obsesiva se definen en lo singular de un sujeto, mientras que los conflictos que las parejas llaman “de comunicación”, suelen basarse en la participación de ambos polos del vínculo. Como ejemplos de funcionamientos intersubjetivos –que luego explicaremos– podemos citar lo que Kaës describe como “alianzas inconcientes” y lo que nosotros hemos descripto como “interdeterminación”.

La sesión de pareja posibilita un abordaje vívido y focalizado en los funcionamientos  intersubjetivos de la pareja. Esta es la ventaja que ofrece: si el trabajo en la dinámica intersubjetiva no es central en la estrategia terapéutica, el dispositivo de pareja posiblemente no sea el más conveniente.

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Los mejores resultados

¿Cuáles son las parejas que mejor aprovechan un tratamiento vincular?  Las que, más allá de los conflictos, mantienen el entusiasmo por el otro. El mejor resultado –y los resultados pueden ser excelentes– se obtiene con las parejas que mantienen el entusiasmo recíproco y dicen “nos matamos aunque nos queremos”, “queremos estar juntos pero no podemos hablar, necesitamos un traductor”, “no sabemos qué nos pasa, pero nos peleamos mucho”. El deseo de estar juntos y hacer más placentera una relación dificultosa es el gran motor de la terapia de pareja.

Son compañeros que, de algún modo, están “prisioneros” del amor hacia el partenaire. Las ganas de estar juntos no impiden que sean desbordados por agresiones, malentendidos y confusiones. En un alto número han realizado o realizan terapias individuales que por razones diversas no han llevado a la mejoría de los conflictos de pareja. Una explicación muchas veces valedera es que en el encuadre individual no se pueden sintonizar en toda su complejidad los funcionamientos intersubjetivos entre los partenaires y sólo la presencia del otro y el despliegue de intercambios que no aparecen en la sesión individual permiten una elaboración de los conflictos vinculares.

En consonancia con lo anterior, no son objetivos de una terapia psicoanalítica de pareja ni perpetuar un matrimonio ni evitar una separación. El objetivo es trabajar sobre lo qué les pasa y ayudarlos a pensar y decidir al respecto.

La clínica

En los tratamientos de pareja el proceso de cambio psíquico sigue caminos diferentes a los habituales en los tratamientos individuales.

En éstos la intervención toma como principal referente la asociación libre y sus determinaciones inconcientes. La situación es otra en un tratamiento de pareja:

  • La propuesta explícita es analizar el vínculo y a los partenaires se les propone este trabajo focalizado.
  • El discurso conjunto permite focalizar el trabajo clínico en esclarecer las reacciones de un sujeto a las influencias del partenaire, al modo en que los funcionamientos psíquicos resultan del “entre dos”.
  • También se realizan intervenciones comparables a las que se realizan en los tratamientos individuales, pero no constituyen lo central del trabajo clínico.

El tratamiento analítico de pareja no aspira a eliminar cualquier malestar entre los partenaires, sino aquéllos que producen sufrimiento y, como ya se dijo, es útil en las parejas unidas básicamente por un vínculo erótico.

Así, enfoca sus lentes en las transferencias intrapareja entendiéndolas como conjuntos de investiduras estereotipadas, falsos enlaces y repeticiones actualizadas, activaciones fantasmáticas que se producen entre los partenaires y se retroalimentan entre ellos.

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Las que se trabajan en sesión son las que producen malestar, ya que muchas otras constituyen la base de la pareja en tanto reencuentro placentero.

La transferencia intrapareja ancla en lo inconsciente pero no necesariamente en lo infantil; tiene un sostén bidireccional y es esto lo que hace que se exprese con debilidad en muchos tratamientos analíticos individuales ya que el analista, con su abstinencia no proporciona los estímulos que proporciona el partenaire. Las otras transferencias son menos tomadas en la intervención del analista –aunque, por supuesto, deben ser consideradas y tienen efectos.

Es importante tener presente el carácter focalizado de las terapias de pareja. En ellas se enfoca especialmente el engarce entre los intercambios vinculares y las posiciones subjetivas. Él, por ejemplo, puede estar furioso con cómo ella lo trata a él o trata a un hijo y sostener esta queja manifiesta en una posición subjetiva regresiva en la que se siente el hijo de ella, con los derechos del preferido. El abordaje clínico de estos funcionamientos va a ser distinto en un tratamiento de pareja que en uno individual. En el caso de un abordaje en pareja, el analista debe focalizarse en la retroalimentación entre la posición subjetiva de uno, lo que el otro promueve y las causas de la crisis en el vínculo.

Así, el trabajo clínico en un dispositivo de pareja se apoya en lo fundamental en intervenciones vinculares, que difieren en su formato de la interpretación descripta por Freud. Mientras la interpretación freudiana se dirige a descifrar las coordenadas de un deseo singular, la intervención vincular apunta a mostrar cómo uno influye en el otro, tanto conciente como inconcientemente, cómo cada uno estimula o apaga ciertos funcionamientos en el otro, cómo se construye un funcionamiento entre los dos.

CASO

César y María discuten en sesión

María:Estoy harta de limpiar el barro con el que entran del jardín. Soy la mucama de él y los varones, y ni siquiera les dice nada. Por lo menos podría decirles algo a los chicos. Las nenas son mucho más compañeras.

César: (acerca su cuerpo provocativamente) Escucháme, yo en general me fijo. Fue una vez, el domingo. Y además, no te vas a morir por limpiar un día el barro. Yo trabajo los seis días de la semana quince horas por día y no me quejo. El resto de la semana me estuve cuidando todo el tiempo y diciéndole a los varones. Vos misma el viernes me reconociste que estaba tratando de cambiar en esto. Y la verdad(cambia el tono y habla más suavemente) es que estoy mejor, y vos también… Estamos mucho mejor (mirando al analista).

María: (con voz chillona y penetrante)  ¡¡¿¿no te quejás??!!  ¡¡¡¡Por favor!!!

Analista: No sé si se dan cuenta de cómo uno irrita y provoca al otro. No sé, César si te das cuenta de la prepotencia con que le acercás el cuerpo a María: sin que hables, solamente con acercártele así, tenemos pelea garantizada. Y no sé, María, si te das cuenta del tono mandón y autoritario con el que hablás. Me parece que esto es el disco rayado que dicen que se repite en casa de Uds. (En otras sesiones se había hablado del tono de voz de la madre de María y de la violencia silenciosa de César).

El trabajo sobre la interdeterminación, definida como lo que, a nivel conciente e inconciente, un sujeto estimula y provoca en el otro es el aspecto fundamental de la intervención vincular. Los partenaires suelen venir a tratamiento separando qué es “mío” y qué es “tuyo” en muchos casos de manera artificial y la intervención vincular tiende a mostrar, cuando corresponde, de qué modo lo “mío” configura “lo tuyo”. El trabajo clínico recorre un camino que va de la interdeterminación a la estructura de las alianzas inconcientes. Estas podemos definirlas telegráficamente como articulaciones inconcientes estables que en los intercambios entre los partenaires aseguran las respectivas homeostasis narcisistas. En el caso de César y María las alianzas inconcientes se habían desequilibrado a partir de la muerte de la madre de María. Hasta ese momento el vínculo estaba organizado en una modalidad de distancia sin guerra, de tal manera que ella mantenía su intercambio libidinal fundamental con la madre y él se encerraba en su trabajo.

Cuando se utilizan intervenciones vinculares, el trabajo elaborativo –en su doble dimensión de conocimiento y construcción de representaciones– abarca las temáticas universales habituales en las terapias aunque, como se dijo, se centra el foco en los funcionamientos intersubjetivos. De lo que se trata es que lospartenaires tomen conciencia del trabajo psíquico que implica el intercambio intersubjetivo, cómo éste colapsa o promueve lo singular en cada uno. La particularidad fundamental es que se trabaja sobre un proceso defensivo en el que participan tanto el sujeto como la respuesta del partenaire.

Las evoluciones posibles

Los recorridos de los tratamientos de pareja son variables. Cuando en el trabajo terapéutico se logra un registro de la subjetividad del partenaire y de la propia, así como de los intercambios que circulan en el vínculo y de su singularidad, aparece entre los partenaires lo que llamo “sintonía validante”.

El trabajo adquiere un matiz peculiar en cuanto al narcisismo y a la caída de la omnipotencia: cada polo entiende más las significaciones del otro, lo que no significa aceptarlas ni compartirlas; se asume que la visión propia de las cosas no es absoluta; que las significaciones que predominan en uno son siempre singulares e idiosincráticas y las emociones diferentes de las que predominan en el otro; muchas discusiones dejan de tener lugar. Se experiencia de una manera más directa y vívida que el otro, tanto como uno, es opaco, desconocido e imprevisible, experiencia que suele ser especialmente negada o desmentida en la pareja, dado su origen en el enamoramiento.

En otros casos la pareja evoluciona hacia una separación que les resultaba imposible, pero que abre puertas a nuevos desarrollos individuales. También hay parejas a las que el tratamiento no las mueve de las estereotipias por las que consultan.

En síntesis, el tratamiento psicoanalítico de pareja es una ayuda en un terreno en el cual, desde que el mundo es mundo, las cosas han sido siempre complejas y en este sentido, la primera actitud en la clínica debe ser exploratoria: se trata de explorar con cada pareja, en un número acotado de entrevistas, si un tratamiento puede brindarles alguna ayuda y recordar, en relación a otras alternativas terapéuticas, que el dispositivo de pareja es especialmente útil para el abordaje de los funcionamientos que hemos llamado intersubjetivos o vinculares.

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Parafraseado: Miguel Alejo Spivacow, Psicoanalista

 

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